Historia de un Adiestramiento: Chico (2)
Vamos avanzando. La verdad es que los sumisos avainillados me están dando menos trabajo y más satisfacciones de las que me esperaba. Dar órdenes absurdas y que me obedezcan es algo que me divierte mucho. Espero que no se me vaya la mano eso porque me estoy enviciando. La secuencia es la siguiente, yo lo suelto y lo primero que viene es una sonrisa pensando que voy de coña, a continuación una mueca de confusión en plan "ostia, lo dirá en serio?" y, pasando por una cara de estupor y a regañadientes, llegamos a la rendición. Demasiado goloso como para renunciar a ello, sobre todo cuando el sujeto no está metido en el mundillo y no sabe cómo ni por dónde le vienen las ostias. Cuando estuvo Chico en casa quedaron claras dos cosas: 1- Que no le quería volver a ver con gorra. y 2- Que la segunda vez que viniera me daría un masaje. Estos días me lo he encontrado alguna vez en la calle. La primera vez que me lo crucé iba sin gorra, lo cual me agradó. Como tiene prohibido hablarme o s...