Historias del Mercadona
Los cambios me gustan, son como aire fresco. Y esta vez todos a la vez, ahí... a saco paco! Cambio de casa, de barrio, de look y de rutina diaria, de vida. Durante este proceso se abandonan temporalmente proyectos, yo llevo un par de meses abandoná perdía, todo patas arriba y todo a medias (mención especial a la Paciencia Infinita de mi querido Louix y premio honorífico al Optimismo y a la Perseverancia de mi querido Emilio). Todo me cuesta el doble, en la casa nueva no encuentro nada, no sé donde colgar el batín, me equivoco de puerta, voy a un cuarto y acabo en el baño, hago 20 viajes al chino al día (un abrelatas, una aceitera, una alfombrilla baño, una bombilla...). Con el nuevo peinado no sé qué ponerme, si me visto rockerita me veo muy radical, si me pongo deportiva me veo muy perroflauta, si me arreglo me veo muy sofisticada. Un exceso el rubio platino lo cojas por donde lo cojas. Pero el mayor cambio e inconveniente ha sido cambiar de coto de caza. Porque dejar de trabajar...